El Tyrannosaurus rex ha sido considerado durante mucho tiempo el depredador por excelencia. La bestia del Cretácico reunía una serie de características que la convertían, aparentemente, en una máquina de matar: duplicaba su tamaño en tan solo cinco años, pesaba más de 6.000 kg y tenía el mordisco más poderoso de todos los animales vivientes o extintos que han pisado alguna vez la
Tierra. Sin embargo, algunos investigadores han puesto en duda que este dinosaurio fuera en realidad tan fiero, y han sugerido que quizás solo se trataba de un enorme carroñero que se alimentaba de los cuerpos de otros animales muertos. Ahora, paleontólogos de la Universidad de Kansas creen tener la prueba para evitar que la leyenda del T. rex se desinfle. Un mordisco dejado en la cola de su víctima, un hadrosaurio herbívoro, demuestra que, en efecto, a nuestro protagonista le gustaba cazar y matar su propia cena.
La prueba que los investigadores describen en la revista Proceedings de la Academia Nacional de Ciencias de EE.UU. (PNAS) es una corona dental de un T. rex incrustada en la columna vertebral de un hadrosaurio herbívoro que sobrevivió al ataque. El fósil fue hallado en Dakota del Sur. El hallazgo sugiere que el Tyrannosaurus rex intentó cazar, sin suerte, a su víctima, que por alguna razón escapó de sus fauces.
Estudios anteriores han encontrado lo que parece ser el contenido del estómago de un T. rex, en el que aparecían huesos de hadrosaurios juveniles, pero estas pruebas no revelaban si los animales estaban vivos o muertos cuando fueron devorados. La corona del diente, sin embargo, se encontró entre dos vértebras del hadrosaurio y rodeada por el crecimiento del hueso curado, lo que indica que el animal vivió durante algún tiempo después del encuentro.
Además, argumentan los autores, la localización de la herida sugiere que el tiranosaurio pudo haber estado persiguiendo al herbívoro cuando fue mordido. Para los autores, los resultados representan evidencias directas de la conducta depredadora del famoso T. rex
Vía: ABC.es
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